Ciudad De México, 14 de julio de 2026.- El primer informe sobre el escritor Carlos Monsiváis llegó al Buró Federal de Investigaciones (FBI) el 4 de agosto de 1969, según revelan documentos recientes. Un informante aseguró en ese reporte que el autor mexicano y otros personajes habían respaldado a Eldridge Cleaver, uno de los dirigentes más conocidos de los Black Panthers, quien permanecía refugiado en Argelia tras ser acusado de intentar asesinar a dos policías en California.
El apoyo público a Cleaver bastó para que Carlos Monsiváis acabara en la lista negra de Washington. En noviembre de 1973, cuando Monsiváis solicitó una visa de turista para participar en un congreso académico organizado por la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), le otorgaron el permiso sin demoras, pero activaron las alertas de los servicios de inteligencia.
Un reporte de la Embajada estadounidense en la Ciudad de México señaló que “se informó que el individuo no era elegible para ingresar a Estados Unidos debido a su afiliación con organizaciones proscritas”. El término ‘proscritas’ aludía a grupos vetados, entre ellos los Black Panthers y activistas del movimiento chicano. El FBI temía que Monsiváis viniera a echar más leña al fuego de la tensión política en el sur de California.
Ese mismo año, 1973, murió el periodista Rubén Salazar tras ser golpeado por un proyectil de gas lacrimógeno disparado por un policía mientras cubría una manifestación del movimiento chicano en Los Ángeles. Monsiváis fue un crítico permanente del intervencionismo estadounidense, en particular del peso que Washington ha ejercido sobre América Latina. Le preocupaba la subordinación política, económica y cultural de México frente a su vecino del norte, así como la criminalización de los migrantes.
Los organismos de inteligencia mexicanos también siguieron de cerca al autor. Una ficha de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (DGIPS) lo describía como un “espécimen indescifrable” y un “resentido personal”. La misma ficha lo acusaba de haber obtenido rédito personal de la matanza estudiantil de Tlatelolco, ocurrida el 2 de octubre de 1968.
