Bushehr, 28 de marzo de 2026.- La central nuclear de Bushehr, ubicada en el sur de Irán, fue atacada este viernes por tercera vez en menos de dos semanas en una operación conjunta atribuida a Estados Unidos e Israel, pese a las advertencias internacionales sobre el riesgo de una catástrofe radiológica y los reportes de posibles negociaciones diplomáticas para detener la escalada bélica.
Según informes preliminares difundidos por la agencia oficial iraní Fars, el proyectil no causó víctimas ni daños materiales o técnicos en las distintas partes de la central. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirmó haber sido informado por Teherán sobre este nuevo incidente, el tercero registrado en diez días, señalando que no se han reportado fugas de radiación y que la planta opera en condiciones normales.
Rafael Grossi, director general del OIEA, expresó su profunda preocupación por la actividad militar en las proximidades de la instalación y advirtió que un daño al reactor podría provocar un grave incidente radiológico. Grossi reiteró su llamamiento a la máxima moderación militar para evitar riesgos nucleares. Por su parte, la corporación atómica rusa Rosatom, que construyó la planta, confirmó previamente la evacuación de 163 trabajadores como medida preventiva tras los bombardeos anteriores.
Además del ataque a Bushehr, las fuerzas estadounidenses e israelíes bombarderon este viernes otras instalaciones nucleares en el centro de Irán, específicamente el complejo de procesamiento de agua pesada de Khondab y la planta de producción de torta amarilla en Ardakan, provincia de Yazd. Las autoridades iraníes denunciaron que atacar instalaciones nucleares pacíficas constituye una violación de las normas internacionales y amenaza la seguridad regional, aunque confirmaron que en estos sitios tampoco se produjeron víctimas ni escapes de material radiactivo.
En paralelo a las operaciones militares, existen reportes sobre negociaciones entre Washington y Teherán. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró que las conversaciones avanzan y que Irán busca un acuerdo, mencionando una propuesta de alto el fuego basada en 15 puntos que incluye la reapertura del estrecho de Ormuz. Sin embargo, existe una contradicción evidente, ya que altos cargos iraníes han negado dichas negociaciones y asegurado que el conflicto solo terminará en sus términos, mientras la Guardia Revolucionaria mantiene cerrado el estrecho por donde transita el 20% del crudo global.
La tensión en la región ha impactado directamente en los mercados energéticos. El precio del barril de petróleo Brent alcanzó los 112.57 dólares, mientras que el WTI se cotiza en 99.64 dólares, reflejando la incertidumbre por el cierre de la ruta estratégica y la posibilidad de una escalada mayor. Mientras Steve Witkoff, enviado de la Casa Blanca, señaló la posibilidad de una reunión esta semana, el secretario de Estado Marco Rubio estimó que la guerra podría terminar en semanas, aunque Israel advirtió que intensificará sus ataques hacia nuevos objetivos.
